La historia no nos absolverá

La historia no la juzgan quienes la viven en tiempo presente, sino que son las generaciones posteriores las que analizan lo que sucedió desde la distancia y lo que verán de esta situación que enfrenta Europa es que los gobiernos de los países más desarrollados del mundo cerraron sus fronteras y abandonaron a su suerte a miles de hombres, mujeres y niños olvidando que en la suerte de estos se jugaba la suya propia.

Este jueves y viernes se reúnen en Bruselas los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea para decidir el futuro de las miles de personas refugiadas varadas en Grecia. Desgraciadamente parece que esta vez va en serio, que han encontrado la solución: pagar a un tercero, Turquía, para que se quede con el problema. La devolución masiva de personas a Turquía, sean refugiadas o migrantes, como respuesta a la crisis de refugiados ya ha sido denunciada como ilegal por Naciones Unidas, ONG y algunos juristas.

El mero pensamiento de imágenes de convoyes llenos de hombres, mujeres y niños rumbo a los campos en los que se les concentraría, simplemente estremece el alma. Imágenes que juzgará la historia.

En pocos meses hemos pasado de la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial a una crisis de migración. En pocos meses hemos pasado de hablar de niños varados en las playas a centrar el discurso en la lucha contra las mafias. Los Gobiernos europeos están actuando como si nuestros países fueran las víctimas amenazados por las víctimas reales, las de la guerra, de las mafias y del rechazo.

El lenguaje nunca es neutro y ese cambio de discurso lo que pretende sin duda es que duela menos lo que está sucediendo en nuestras fronteras. Nos quieren convencer de que el objetivo es poner fin a la crisis migratoria en Europa, cuando lo que está sucediendo es que miles de personas huyen de un conflicto que tiene más de 5 años y ha dejado ya más de 10 millones de personas desplazadas interna y externamente y más de 270.000 muertos.

Mientras la ciudadanía europea salía a las calles a exigir una acción rápida, los gobiernos europeos, algunos más que otros, lejos de asumir sus obligaciones en relación al derecho internacional procrastinaban sus decisiones y regateaban sobre el número de personas refugiadas que acogerían en sus territorios. El Gobierno de España aceptó finalmente acoger 17.680 de los que solo 18 han llegado a nuestro país.

Resulta muy preocupante la naturalidad con la que se asume el incumplimiento de los acuerdos internacionales y más cuando estos atañen al estado del bienestar, que es la esencia misma de la construcción europea.

El 10 de diciembre de 2012 el entonces Presidente de la Comisión Europea, José Durao Barroso decía al recoger el Premio Nobel de la Paz que recibió la Unión Europea que “Como continente que pasó de la devastación a ser una de las economías más poderosas del orbe, que cuenta con los sistemas sociales más progresivos, que es el mayor donante de ayuda del mundo, tenemos una responsabilidad especial frente a millones de personas necesitadas.”

La Unión Europea de los derechos y las libertades, la Europa de las personas no puede firmar un pacto de la vergüenza que aleja la Europa actual de sus valores fundacionales, que supone la ruptura consigo misma. Hace años que Europa no termina de encontrarse a sí misma y es precisamente en la cultura de paz, la defensa de todos los derechos humanos y el desarrollo donde debería redescubrirse y donde la anhelamos muchos y muchas y donde la esperan quienes lo dejan todo por llegar a ella.

El Gobierno en funciones de España debe atender el clamor mayoritario de la ciudadanía y defender en Bruselas la opinión mayoritaria de los grupos representados en el Congreso contraria a la propuesta de acuerdo y que demanda una respuesta solidaria, basada en los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.

De no hacerlo, la historia no nos absolverá.

Carlota Merchán

Concejala socialista del Ayuntamiento de Madrid

Secretaria de Cooperación y Migración PSOE-M

You may also like...

Menu Title